Inspiración

December 16, 2007

Aquella noche regresé a casa muy tarde. Había bebido alguna copa de más, y tenía sueño. Pero una vez en la cama, las preocupaciones volvieron para martirizarme, en fila india y de menor a mayor. El caso es que llevaba meses sin escribir nada. Yo antes hacía cuentos. Había llegado a tener un prestigio, joder. No podía dormir, definitivamente.

Una idea me iba rondando por la cabeza desde hacía algunos días. Era un tanto absurda, y no muy interesante, sobre un escritor que creaba personajes pero no podía controlar su creación. Era algo muy visto. Fui a la cocina, di vueltas por la casa con esa estúpida idea siguiéndome, y de pronto ocurrió. ¡Había vuelto! ¡La luz! ¡La inspiración! En el momento menos esperado, como siempre. No era lo que iba a escribir, sino el cómo, el detalle esencial que faltaba en mis antecesores. Este relato iba a ser una bomba, a lo mejor lo convertía en novela. Me abalancé sobre el papel, cogí el bolígrafo más a mano, que era uno negro por la mitad. Escribí febrilmente. Notaba que el alcohol hacía su efecto, pero no podía dormirme. En la hoja, en la tinta, era mil veces mejor que en mi imaginación, ¡y era un millón de veces mejor que todo lo que había hecho antes! No podía explicármelo, escribía tan rápido que parecía algo mecánico. Estuve trabajando varias horas hasta que no pude evitar quedarme dormido. Desperté entrada la tarde, con una gran resaca. Estaba tirado en la mesa, con el boli entre los dedos. Lo recordé todo al instante y me dispuse a leer mi obra maestra, que debía de estar casi terminada. Pero no veía los papeles. ¿Dónde estaban? Sólo había una hoja en blanco. Me levanté, miré alrededor, por debajo de la mesa, en la cama, por toda la casa. No los encontraba. Era inexplicable. Tras un rato de inútil búsqueda, revolviendo los mismos sitios hasta tres veces, volví a sentarme a la mesa desalentado. Sentía una tristeza que tenía mucho de infantil, y me encontraba con enormes ganas de llorar. Cogí la única hoja. Le di la vuelta, y tenía una frase escrita. ¿Cómo podía ser posible? ¿Cómo había podido estar trabajando durante horas y sólo escribir una línea?

Lo que había puesto en aquel maldito papel era: “oiradeceba”

Inteligencia

December 9, 2007

Johny le preguntó a Billy por qué era éste tan sumamente estúpido. Billy miró a Johny con gesto de superioridad y después le contestó que era lo suficientemente listo como para no contestar.

Conductor temerario

December 5, 2007

Su mujer le había dicho que no corriera con el coche. Ya de madrugada, en el bar, después de un par de cervezas y un par más, arrascó su bolsillo en pos de las llaves del vehículo. Introdujo la anilla del llavero en uno de sus dedos y sacó las llaves con un gesto triunfal pero se escurrieron de sus manos y cayeron al suelo del local. Se agachó a cogerlas y golpeó su cabeza contra la barra del bar. Maldijo en voz alta, cogió las llaves y se incorporó. Se llevó la mano a la cabeza dolorida. Su mujer le había dicho que no corriera con el coche.

Pensó que ya era hora de dejar la taberna y regresar a casa. Se despidió del camarero que, por alguna extraña razón, hoy era un hipopótomo púrpura de mirada vidriosa. "Adiós, Joe", le dijo al hipopótamo; y el hipopótamo le dedicó una lacónica sonrisa.

En la calle hacía un frío que te pelaba los testículos. Intentó introducir la llave en la cerradura del coche pero el coche no se dejó.

- ¡Hijo de puta! ¿Qué coño te pasa? - le gritó al coche.

- Estás borracho, no puedes conducir - le contestó el vehículo con mesura cidiana.

- A la mierda.

- Tu mujer ha dicho que no corras.

- Maldito coche del diablo, ¿vas a hacer caso a todo lo que diga mi mujer?

- Por supuesto, - afirmó el coche - porque estoy enamorado de ella.

Apretó en su mano las llaves, torció el gesto y las arrojó al aire. Hizo una última maldición, le pegó una patada al coche y salió corriendo. No podía creerlo, ¡enamorado de su mujer! Corrió a solas, corrió por la acera, esquivó las farolas. Corrió por la carretera, haciendo eses sibilantes. Paró un momento, vomitó. Siguió corriendo, y en su huída atropelló a una pareja de enamorados.

El coche llegó más tarde. Y cuando lo vio allí tirado hizo un gesto de desaprovación.

Él, desde el suelo, con la cabeza abierta, dijo:

- No he corrido con el coche, he corrido sin ti, y mira cómo me veo ahora.

El hipopótamo púrpura de mirada vidriosa redujo la velocidad de su monociclo para contemplar la morbosa escena.