Incomunicación

September 26, 2007

Yo tenía una cremallera en la boca. Por eso no conseguía hablar con las chicas. A veces me acercaba a alguna de ellas, me ponía delante como para ir a decirle algo, ella esperaba oír mi voz, pero las palabras tropezaban contra la maldita cremallera. La chica se reía de mi extraña actitud, yo enrojecía y me iba con el rabo entre las piernas.

Pasé mucho tiempo así. Y no me mantenía pasivo: intenté arrancármela con unas tenazas, con un martillo, con una aguja grande, pero no había forma. Tenía que haber algún truco, y nadie me lo decía. Me resigné a vivir así para siempre.

Pero un día vi a una chica que estaba en mi misma situación. Tenía la boca tapada igual que yo. Sentí unos deseos muy fuertes de hablar con ella, más fuertes de lo que nunca había sentido, y eché mano a mi boca. Tiré con toda mi alma, pero en vano. No se abría. Entonces advertí que ella hacía lo mismo, que intentaba hablarme. Cuando empezó a tirar, su cremallera permaneció inmóvil, pero acto seguido se acercó a mí, tiró de la mía, y milagrosamente logró abrirla sin ningún esfuerzo. Miré a aquella chica a los ojos, le dije: “Muchas gracias”, pero ella no podía responderme porque tenía una cremallera en la boca. Me pareció tan ridículo que me fui de allí para que no se sintiese mal.

 

Retazo perpetrado por Gonzalo Molina.